La rehabilitación estructural plantea retos distintos a los de la obra nueva. En estos casos, el primer paso consiste en comprender cómo está construido el edificio existente y cómo ha evolucionado su comportamiento a lo largo del tiempo.

Muchas estructuras antiguas presentan patologías derivadas del uso, de intervenciones anteriores o simplemente del envejecimiento de los materiales. Antes de plantear cualquier intervención es imprescindible realizar un diagnóstico técnico adecuado que permita identificar el origen de los problemas.

A partir de ese análisis se pueden proponer soluciones de refuerzo o consolidación adaptadas a cada caso. En algunos casos será necesario intervenir sobre elementos estructurales concretos, mientras que en otros será suficiente con redistribuir cargas o mejorar determinadas conexiones.

La rehabilitación estructural exige un equilibrio entre respeto por el edificio existente, seguridad estructural y viabilidad constructiva.